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Conversación con Eñaut Jolimon de Hareneder: el colectivo al servicio del sentido

Para Eñaut Jolimon, Alki es la prueba de que se puede cambiar sin perder la identidad. ¿La clave? Las raíces en el territorio, el trabajo en equipo y un propósito claro. Esta cooperativa ha sabido reinventarse más de una vez. Su forma de funcionar defiende un liderazgo basado en la confianza, en el

Eñaut Jolimon de Hareneder entiende el liderazgo desde el colectivo, el territorio y la visión a largo plazo. Dirige Alki, una cooperativa donde la innovación, el compromiso de las personas y el oficio local avanzan juntos. El objetivo: construir una empresa que dure y que tenga sentido.

Iker: En los momentos de mucha turbulencia, ¿de dónde sacas la fuerza para aguantar?

Eñaut: Al final somos un grupo de hombres y mujeres que recibimos las olas. Hay imprevistos, hay tsunamis y hay olas pequeñas. Cada uno las surfea a su manera. Pero, a la vez, hay unas ganas enormes de aportar al proyecto. Uno de nuestros valores es la perdurabilidad. Si levantamos un poco la mirada, lo que de verdad queremos que perdure es el proyecto social, el proyecto colectivo. Nos mueve la convicción de salir adelante y de hacer avanzar las cosas. Y no hablamos de un éxito personal. Hablamos del éxito de un proyecto, que será un éxito de todos.

Iker: ¿Uno de los ingredientes del éxito es sentirse parte de algo más grande que uno mismo?

Eñaut: Sin duda, sí. Y es una de las razones por las que entré en Alki. Aquí no vienes solo a cumplir con una descripción de puesto. Vienes por creencia, por convicción, por voluntad. Cada persona lo vive con una intensidad distinta, según su recorrido vital. Pero sí, nos implicamos y creemos en algo que va más allá del individuo.

Virginie: Cuando alguien compra un mueble de Alki, ¿qué se lleva además del mueble?

Eñaut: Te llevas un sentimiento de pertenencia. O al menos la afinidad con un proyecto que tiene un compromiso social fuerte. Te llevas también el cuidado por el impacto que nuestras decisiones tienen en el medio ambiente.

Te llevas la sensación de haber participado en algo colectivo, algo que va más allá de ti. Lo que has hecho es un acto de militancia.

Iker: Entonces, ¿se podría decir que vuestros muebles están vivos?

Eñaut: Diría que la promesa de Alki es que nuestros muebles respiran todo eso.

Iker: ¿Cómo sobrevive una cooperativa en un sistema económico que no está pensado para ella?

Eñaut: Yo suelo comparar la empresa clásica con la cooperativa en un punto. No podemos refugiarnos en la utopía cooperativa y dejar de hablar de economía, de producción o de eficiencia. No son palabrotas. Son imprescindibles para que la propia cooperativa sobreviva. Seguimos siendo una empresa que necesita resultados. Lo que intentamos es organizarnos de otra manera para conseguirlos. En la parte cooperativa rige una persona, un voto. En la asamblea general no cuenta la antigüedad ni la jerarquía. Todos nos miramos a los ojos como simples socios. Lo algo esquizofrénico es que somos 48, todos socios y todos trabajadores. Llevamos esos dos sombreros, y a veces chocan entre sí. Como socio quieres una cosa; como trabajador, otra. Pero cuando crees que estás aportando a algo que te impulsa, te recolocas y vuelves a alinearte.

Virginie: ¿Cómo es la selección de personal, sabiendo que desde el principio estáis eligiendo a un futuro socio?

Eñaut: Son temas que hablamos con total claridad, porque estamos contratando a un futuro socio. Lo planteamos muy pronto: si solo vienes a probar, mejor no vengas. Hay un periodo de prueba para las dos partes, porque para alguien de fuera no es sencillo. El día que te haces socio, aportas al capital diez meses y medio de sueldo neto. Es decir, venir a trabajar aquí te cuesta dinero. Quien viene ya trae las ganas, la motivación y la información. Es un compromiso.

Virginie: ¿Cómo trasladasteis el ADN de Alki al diseño del nuevo edificio?

Eñaut: Obligamos a los arquitectos a entender el ADN de Alki. Convocamos un concurso con tres estudios. Elegimos a Leibar et Seigneurien, el que mejor había captado lo que es Alki como fabricante. Podríamos haber hecho un campus con un taller de fabricación. Pero no. Es un taller de fabricación que alberga todo lo demás. El centro, al pie de la escalera, tenía que ser un punto de encuentro para todos los que usan el edificio. El taller, las oficinas y la dirección. Y también los visitantes, los arquitectos, los clientes y los socios comerciales. Ese cruce tiene mucha fuerza. Y el espacio está muy bien resuelto: todo el mundo se siente bienvenido.

Iker: Eres el director general. ¿Cómo ejerces el liderazgo en un modelo donde todas las voces pesan lo mismo?

Eñaut: Soy bastante pragmático y tengo los pies en el suelo. Todo pasa por la confianza. ¿Cómo generarla? Por lo menos, con una trayectoria recta y sincera, tanto al analizar como al marcar el rumbo.

Y confiando en el proyecto del que yo mismo formo parte. Creo que eso tiene un efecto espejo: si confías en el proyecto, confías en los equipos.

Virginie: Tienes dudas como todo el mundo. ¿Qué te hace sentirte firme?

Eñaut: Claro que tengo dudas, como todo el mundo, cada mañana al levantarme. Y más en estos tiempos. ¿Qué me vuelve a poner en pie? Creer en algo. Y luego, también, asumir mi papel y tomar distancia. Hablo de papel porque contagiar la ansiedad sería una catástrofe. Y de distancia porque hay cosas que conviene mirar desde lejos y quitárselas de encima antes de que te afecten demasiado. Una receta mágica no tengo. Tengo la suerte de tener una mujer y unos hijos que me aportan muchísimo. Y una familia cerca, aquí mismo, que también me da mucha energía.

Iker: ¿Qué lugar ocupa la RSC en vuestra filosofía?

Eñaut: Llevamos cinco o diez años poniendo la etiqueta RSC a cosas que ya hacíamos. Si se lo hubieras preguntado a quienes estuvieron antes, te habrían dicho que era puro sentido común. Sentido común, cuando hablamos de kilómetro cero. Nuestra cultura cooperativa consiste en buscar el conocimiento a nuestro alrededor. Elegir la madera como material principal, abastecernos sobre todo de bosques franceses… Eran decisiones de sentido común, no respuestas a los pliegos de condiciones de hoy. Eso ha marcado la forma de hacer de Alki desde el principio. Lo que me molesta hoy es tener que justificar, medir y certificar todo lo que hacemos en RSC. Las grandes empresas saldrán mejor paradas que las pequeñas, porque pueden poner a una persona solo con eso. Eso distorsiona un poco la foto. Y nosotros ya cumplimos muchos requisitos de RSC por el mero hecho de ser cooperativa.

Virginie: Dentro de 50 años, si a Alki le ha ido bien, ¿qué no habrá cambiado en absoluto? ¿Y qué podría cambiar?

Eñaut: ¿Qué no debería cambiar? Que sigamos aquí y que conservemos la esencia de la cooperativa. Que sigamos siendo un actor de nuestro territorio que crea empleo, mueve la economía y da visibilidad. Y que ayudemos a dar a conocer otras cosas que hacen nuestra tierra: la gastronomía, la agricultura y también otras industrias.

¿Y qué podría cambiar? Creo que sería muy simbólico que nos vieran como un referente. No solo por lo que fabricamos, también por nuestra forma de hacer las cosas.

Preguntas rápidas

Si Alki fuera un árbol…

Un roble. Porque es lo que da estructura y alma a Alki.

¿Qué palabra en euskera debería existir en todos los idiomas del mundo?

Harremana. Significa «relación» y une dos palabras: «hartu», tomar, y «eman», dar.

Dentro de 50 años, ¿qué se dirá que Alki ha aportado de verdad al País Vasco?

Si fuera una visibilidad de fondo, sería genial. Lejos de todo el folclore que puede rodear al País Vasco.

Eñaut, si tuvieras que fabricar un mueble que resumiera el futuro que deseas, ¿cómo sería?

Creo que seguiría siendo una mesa. Por todo lo que simboliza una mesa: el encuentro, el tiempo que pasamos alrededor, la buena comida.

¿Por qué fabricar aquí, en el País Vasco?

Porque tenemos la voluntad y el oficio que nos lo permiten.

Ideas clave

Las 4 ideas clave de la entrevista con Eñaut Jolimon de Hareneder

  • Alki ha crecido entre las raíces y la reinvenciónNació en 1981 con una idea clara: «vivir y trabajar en nuestra tierra». Desde entonces, Alki ha protegido sus raíces sin dejar de transformarse. Pasar del mueble tradicional al diseño contemporáneo fue una apuesta radical. Y fue necesaria para que la empresa sobreviviera.
  • El colectivo es el corazón del modelo cooperativoEn Alki, el éxito se entiende como una aventura compartida. Cada socio asume una responsabilidad económica y, a la vez, un proyecto humano que le supera. Un proyecto basado en la confianza, el compromiso y las ganas de aportar a largo plazo al territorio vasco.
  • El sentido y las convicciones guían las decisionesLa militancia de los inicios ha evolucionado, pero el ADN sigue intacto: producir en local, cuidar el oficio y tener un impacto social y medioambiental positivo. Para Eñaut Jolimon, comprar un mueble de Alki es sumarse a un proyecto colectivo con sentido.
  • La capacidad de adaptación y la autenticidad son clave para durarAnte las crisis y los cambios constantes, Alki apuesta por adaptarse, por la confianza y por un liderazgo sincero. La cooperativa quiere ser un referente tanto por sus productos como por su modelo humano y social.

Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗