Cómo gestionar el miedo en situaciones de supervivencia
Gestionar el miedo cuando está en juego tu vida no significa dejar de sentirlo. Significa reconocerlo, aceptarlo y no dejar que te arrastre. El miedo es una alarma útil, pero también puede bloquearte. Respira hondo. Analiza la situación. Atiende primero lo esencial y céntrate en acciones concretas.
Dediqué veinte años de mi carrera a los deportes de deslizamiento. Surfear las mejores olas y bajar las montañas más impresionantes junto a los mejores del mundo se convirtió en una obsesión. Esa obsesión me llevó a compartir el día a día de los deportistas más extraordinarios del planeta: los adictos al riesgo extremo. Hombres y mujeres para los que mirar a la muerte a los ojos es pura rutina. Su experiencia me tuvo fascinado durante años. ¿Cómo consiguen rendir al máximo en esas condiciones? ¿Qué saben del miedo que el resto ignoramos?
El miedo es la brújula que te lleva a los territorios inexplorados de la vida
Estos son los secretos que aprendí de los más grandes.
«Sigo vivo porque tengo miedo»
Greg Long es campeón del mundo de surf de olas grandes. En 2012 vivió un infierno en Cortes Bank, a unas 90 millas de la costa de California. Una serie de olas de 15 metros le pasó por encima. Estuvo seis minutos bajo el agua. Cuando lo sacaron a la superficie, lo daban por muerto. Que sobreviviera fue un milagro. Long está acostumbrado a las sesiones más extremas, y lo repite a menudo: «Si sigo vivo, es porque tengo miedo». Solemos pensar que quienes se enfrentan a lo peor con esa aparente calma están hechos de otra pasta. Que no saben lo que es el miedo. Error. «Todos tenemos miedo», recuerda Long. El miedo es su mejor consejero. Los mantiene alerta y les ayuda a medir el riesgo. «Me asusta el día en que deje de tener miedo. Ese día podría dejar de ser consciente de los riesgos que corro». Y pagarlo muy caro.

«En la primera remada, el miedo desaparece»
Eric Rebière fue el primer francés de la historia en clasificarse para la élite del Campeonato del Mundo de Surf. Brilló en competición durante toda su carrera, pero lo suyo siempre fueron las olas grandes. Hizo equipo con Benjamin Sanchis hasta que se retiró. Juntos soñaban con surfear en Nazaré, en Portugal, la mítica ola de 100 pies, unos 30 metros. Y lo consiguieron.
Cuando le preguntan por su relación con el miedo, lo explica así: «En el pico estoy muerto de miedo. Pero en cuanto doy la primera remada, desaparece. Solo pienso en la acción. Lo único que importa es bajar la ola. En ese momento, el miedo deja de existir». La neurociencia le da la razón. El miedo llega antes de la acción: es una forma muy potente de avisarnos del peligro. Pero, una vez que actúas, se aparta y deja paso al rendimiento. Los sentidos y las capacidades se disparan, porque solo importa una cosa: alejarse del peligro.

Cómo visualizar el éxito para superar el miedo
Mads Jonsson (Noruega) y Nicolas Watier (Francia) persiguieron durante años los récords Guinness y mundiales de salto en snowboard, tanto de altura como de longitud. Nicolas era mi socio, igual que Xavier Marcou (Francia), que completó los testimonios que recojo aquí. «Cuando me acerco al punto de despegue, supero los 100 km/h. A esa velocidad, la presión del aire es tan fuerte que el mínimo fallo de posición cambia la trayectoria. Y el accidente está garantizado. En saltos de ese tamaño, si fallas, acabas en el hospital o te retiras por lesión», explicaba Mads pocos días después de batir uno de esos récords. «En cada instante sé exactamente lo que va a pasar. Controlo cada milímetro de mi trayectoria. No dejo nada al azar. Y si no lo veo claro, no salto. Me da igual lo que digan los patrocinadores, los medios o quien esté allí», añadía Nicolas.
Después, Xavier nos contó el secreto que compartían: «Antes de coger impulso, visualizo el salto. Me basta con una bajada para saber cómo van a influir la velocidad, la nieve, su humedad, la compresión y cada movimiento en la trayectoria. Lo sé con precisión de cirujano. Eso te lo da el oficio. Desde la salida hasta la recepción, visualizo cada instante y cada gesto. Tengo que sentirlo todo. Primero lo hago a cámara lenta y luego a velocidad real. Tengo que clavar la recepción tres veces seguidas. Y sentir cómo me explota la alegría al final del salto. Si en ese momento estoy en paz, sé que estoy listo. Si noto la más mínima duda, vuelvo a empezar. Me exijo tres ejecuciones perfectas seguidas. Y si lo consigo, al segundo siguiente hago una señal a todo el mundo y salgo. Sin darme tiempo a pensar. Pasar a la acción impide que se cuele la duda».

El límite del miedo lo marca tu preparación
Justine Dupont es la surfista francesa más conocida y reconocida. Vive en Nazaré y hace equipo con su pareja, Fred David. Acumula récords femeninos y los premios más prestigiosos, enfrentándose a las olas más brutales del planeta. «La gente cree que estamos locos. Que asumimos riesgos sin pensar. Pero no se imagina la preparación que exigen esos momentos de gloria que duran unos segundos.
Somos muy conscientes del riesgo y de las condiciones en las que lo afrontamos. No dejamos nada al azar. Todo está calculado al detalle. Son miles de horas de entrenamiento las que nos permiten llegar a ese nivel de precisión. Quien no se exige eso es un inconsciente. El miedo siempre va a estar ahí. Pero cuando te has preparado bien, sabes que tienes los recursos dentro. Y en ese momento lo que te remueve por dentro son las ganas de conseguirlo. Todos los sacrificios tienen sentido por eso».

Paso a paso, y siempre en el sitio adecuado
Roch Malnuit ha vivido dos pasiones extremas: el snowboard en pendientes muy empinadas, con varias primeras descensiones en las cumbres de Chamonix, y el salto BASE. Fundó la primera escuela de BASE de Francia, que además es la de más prestigio.
Enfrentarte tú solo al riesgo es una cosa. Llevar a alguien a tirarse por un acantilado por primera vez, con una vela a la espalda, es otra muy distinta. «Para durar, el riesgo tiene que estar medido y ser puntual». Y añade: «Hay dos zonas muy delicadas. Al principio no conoces el terreno y puedes cometer errores que salen caros. Y al final, cuando llevas veinte años sin que te pase nada, tienes los reflejos y te haces menos preguntas porque lo has hecho diez mil veces. Ahí es donde bajas la guardia. Entre las dos, sigues aprendiendo. Buscas respuestas y te haces preguntas. Por eso eres mucho más consciente». Luego nos desgrana la precisión milimétrica de su método de enseñanza. Recuerda: su trabajo es que la gente salte de un acantilado por voluntad propia. Todo depende del marco… y de unas etapas diseñadas al milímetro.
«Ese es el secreto de la confianza en uno mismo».

¿Y qué es lo que hace que todo encaje?
Faltan dos piezas. Van siempre juntas y son imprescindibles:
- inteligencia emocional
- gestión de la energía
La primera consiste en conocer tus emociones, el miedo y todas las demás, y saber actuar cuando aparecen. Se aprende.
La segunda consiste en usar tu energía para lograr el resultado que buscas, con eficiencia, tanto en la acción como en tus relaciones. También se aprende.
Cuando las juntas, 1 + 1 = 3. Descubres cómo separar la energía emocional, que tiene una fuerza enorme, del mensaje que trae consigo: la duda, darle vueltas a todo… Llegados a este punto, la hazaña y el resultado son lo mismo. Y ahí empiezas a soñar: «¡Cómo me gustaría aplicar esto en mi vida, en mis proyectos, en mi empresa!». La crisis que tenemos encima no exige menos.
Y se puede.
Todas estas claves las hemos analizado, modelizado y convertido en un método único. Un método creado por y para líderes y directivos de cualquier edad y nivel.
Nota importante: los testimonios se han reconstruido con rigor a partir de los recuerdos del autor. Son fieles a lo que se transmitió, aunque las palabras exactas pueden no coincidir con las citadas en el artículo.
6 claves que debes recordar:
1. NO HUYAS
El miedo no es malo. Gracias a él estás a salvo. No huyas de él ni le des la espalda. Siempre va a acompañarte, así que mejor aprende a conocerlo.
2. PASA A LA ACCIÓN
El miedo te avisa de los riesgos de actuar. Pero también puede bloquearte, igual que el miedo a tener miedo. ¿Cuántas oportunidades has dejado pasar por miedo a intentarlo? Cuando actúas, el miedo se desvanece y salen a la luz los recursos que llevas dentro.
3. PROGRAMA TU MENTE
Decide en qué momento vas a actuar. Entrena tu mente para cambiar de foco con un gesto que marque la salida. Será una regla innegociable. En cuanto hagas ese gesto, no hay vuelta atrás. La única salida es la acción.
4. VISUALIZA
Descubre el poder de la visualización. Entiende cómo funciona tu cerebro y hackea tu rendimiento. Al cerebro le cuesta distinguir entre lo que visualiza y lo que vive de verdad.
5. PREPÁRATE
No te lances a lo loco. Cuanto mayor es el riesgo, más a fondo tienes que prepararte. Y la preparación no se improvisa. Se planifica y se trabaja cada día, para estar a punto cuando se te venga encima la ola de 30 metros.
6. ¡PONTE UN MARCO!
Etapas, gestos, progresión, mentoría… Frente al miedo, cuando dejas de dejar cosas al azar, el azar empieza a jugar a tu favor.
Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗
Iker Aguirre