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«¡Ya no sé qué hacer!»: ¿tu liderazgo está en crisis?

Hoy el liderazgo anda buscándose a sí mismo. La crisis sanitaria agravó problemas que ya estaban ahí. Y lo hizo hasta tal punto que ya no sabemos qué hacer para darle la vuelta […]

Hoy el liderazgo anda buscándose a sí mismo. La crisis sanitaria agravó problemas que ya estaban ahí. Y lo hizo hasta tal punto que ya no sabemos qué hacer para darle la vuelta a la situación.

Los tres grandes problemas:

  • Nuestras empresas ya no atraen a nadie. Cada vez cuesta más cubrir las vacantes.
  • Los confinamientos y la covid provocaron una crisis de sentido. Muchos empleados dejaron su puesto para cambiar de rumbo.
  • Todos hemos tenido que apretar los dientes para salir adelante. Y ahora no sabemos cómo motivar a los equipos para que den «todavía más». Sobre todo cuando todos sentimos que ya lo hemos dado todo.

El resultado es una crisis de liderazgo seria. Por tres motivos:

  • Tras el maratón de la crisis sanitaria, la meta resultó ser la salida de un Ironman. La crisis económica pinta peor que la sanitaria. El remedio, peor que la enfermedad. En este contexto, ¿cómo mantengo viva mi empresa sin tener que echar el cierre? ¿Estaré a la altura?
  • ¿Cómo dirijo a mi equipo en plena tormenta sin hundir el barco? ¿Cómo consigo que se impliquen, que estén motivados, que quieran quedarse? ¿Tengo el carisma suficiente para mantenerlos unidos cuando vienen mal dadas?
  • ¿Y cómo voy a aguantar yo? Estoy en números rojos y el burnout me ronda. Temo derrumbarme en cualquier momento, pero no tengo elección. ¿Qué hago? ¿Aguantará mi cuerpo?

Detrás de todas estas dificultades hay una crisis de liderazgo de fondo. Como si no fuera ya bastante complicado…

Para nosotros, la crisis de liderazgo es una etapa obligada para cualquier líder o directivo en los tiempos que corren. Y es una etapa que puede repetirse más de una vez, según cambien las circunstancias y la coyuntura. Todavía nos quedan sorpresas…

Aquí tienes algunas recomendaciones para superar este mal trago en el menor tiempo posible.

Si quieres profundizar, escucha el episodio 43 del podcast Un Accent sur le Nouveau Leadership: cómo afrontar una crisis de liderazgo. [lien interne – ANL 43]

¿Qué es una crisis de liderazgo y cómo reconocerla?

No confundas una crisis de liderazgo con un problema difícil.

Una crisis de liderazgo es un problema sistémico. Afecta al líder y también a su entorno. Pone en cuestión, a fondo, lo que dabas por sentado y tus fundamentos. Su rasgo principal es que pierdes las referencias. El líder se replantea su lugar, su impacto, sus recursos y sus responsabilidades. Y siempre hay detrás un cambio importante, elegido o sufrido.

En plena crisis de liderazgo, el líder se topa con sus zonas de sombra y sus puntos vulnerables. También con el balance de fondo de sus éxitos y sus fracasos.

Dicho de otro modo: nada funciona y no sabes cómo salir de ahí.

Y justo entonces se apuntan a la fiesta un montón de aguafiestas que solo vienen a poner palos en las ruedas. Son ellos los que dan todo su sentido a la palabra crisis. Pero vamos por partes…

Una crisis de liderazgo puede venir de dos sitios:

  • de fuera: dificultades con las personas: relaciones, motivación, conflictos, compromiso, rendimiento, etc.
  • dinámicas de grupo: espíritu de equipo, cohesión, colaboración, cooperación, trabajo colectivo, etc.
  • sistema: política del país, normativa, cultura de empresa, modelo de negocio, cambio de paradigma, etc.
  • de dentro: estado de ánimo: desánimo, pérdida de sentido, hartazgo, etc.
  • agotamiento: saturación, fatiga crónica, sobrecarga, etc.
  • dudas: saboteador interior, síndrome del impostor, incapacidad para ver con claridad, límite de competencias, etc.

Las dos te llevan a cuestionarte. Si no las resuelves rápido, la crisis se hará más profunda. Una crisis externa que se alarga acaba siempre en una crisis interna. Y al revés también.

La vida de un líder es una sucesión de crisis. Todos desarrollamos recursos para afrontarlas. Pero cuando la crisis interna es fuerte, hay trampas que pueden encerrarte en un círculo vicioso.

Son estas.

La descente aux enfers du leader.

Crisis y liderazgo: entender cómo cae el líder en picado

Todo empieza con un detonante. Es el hecho que hace que el sistema se desmorone. Hasta ese momento, todo «iba bien».

Los indicadores empeoran poco a poco. La gravedad de la crisis depende de cuánto empeoran y a qué velocidad.

Para todas las empresas, sin excepción, la crisis sanitaria fue un auténtico tsunami. Y trajo crisis encadenadas. A unas les hundió la actividad. A otras, que estaban en el sitio justo en el momento justo, les llegó un aluvión de demanda inesperado.

Después llegó la crisis a secas: problemas de personal, de suministro, inflación y la devolución de los préstamos con aval público.

El detonante fue una crisis externa: la covid y cómo la gestionaron las autoridades. Detrás vino una cascada de crisis externas más: relación con proveedores, estado de ánimo de la plantilla, vacantes imposibles de cubrir, suministros, precios disparados, etc.

Las reglas del juego han cambiado tanto que muchos están perdidos, sin recursos y sin ideas. Y mientras caen en picado, tropiezan con la primera trampa: «hacer lo mismo que antes».

Te dices que ya pasará y que todo volverá a ser «como antes». Deseas con toda tu alma recuperar la estabilidad que había antes del detonante. Y haces lo imposible para conseguirlo.

Pero si has llegado hasta aquí, es porque «antes» el sistema ya estaba tocado. ¡Por eso se ha venido abajo! Volver a lo de «antes» solo te devolverá a un contexto podrido por problemas de fondo que ya existían.

Sea cual sea el problema, lo normal es que lo primero que quieras es que todo vuelva a ser «como antes». Pero, en todos los casos, «antes» es una época en la que tu problema ya existía. Solo que no lo veías. Volver a esa época no evitará que se repita. Es un espejismo.

Es el primer error que debes evitar en una crisis de liderazgo: querer que todo vuelva a ser «como antes». Es decir, volver a una época en la que todo parecía «ir bien» y quedarte atrapado en el pasado.

No te engañes.

Si hoy las cosas no van bien, es que antes tampoco iban bien. Si intentas optimizar un sistema que falla, solo conseguirás un sistema que falla… un poco mejor. El pasado y su «cualquier tiempo pasado fue mejor» no son la respuesta.

cœur et émotions

Liderazgo y gestión emocional: cómo capear los temporales emocionales en tiempos de crisis

Una crisis de liderazgo te remueve las entrañas, sí o sí. Y cuando eso pasa, las emociones andan cerca. Y casi nunca son positivas.

La emoción es la mayor fuente de energía que tenemos. Mal canalizada, puede causar estragos.

La gestión emocional y la inteligencia emocional son temas en sí mismos. Hoy no vamos a tratarlos. Solo vamos a centrarnos en cómo afectan las emociones a una crisis de liderazgo.

Cuando las emociones te desbordan, se alían con una mente que no para. Juntas te cuentan historias sin fin. La mayoría son pura ficción. En el 99,9 % de los casos, nunca ocurrirán.

Ahí se esconden muchos miedos y escenarios catastróficos. Imaginas el fin del mundo con una creatividad desconcertante. La angustia, la ansiedad y todo lo que traen consigo se apuntan a la fiesta. Y te dejan sin capacidad para afrontar la situación.

Ahí también asoma el quejica que todos llevamos dentro. Siempre lamentándose, siempre compadeciéndose de su suerte. Es la actitud de la víctima que espera una justicia que nunca llegará por sí sola.

Y ahí nacen también muchas conductas de huida. Todo te supera, así que desconectas. Le das la espalda al problema. No para olvidarlo: eres demasiado práctico para eso. Solo para que te deje en paz un rato. La procrastinación y la negación de la gravedad se suman a la fiesta. Y la situación empeora.

En una crisis de liderazgo, tus emociones son tu enemigo. Sobre todo cuando se hacen demasiado fuertes. Aunque hayas trabajado a fondo tu inteligencia emocional, aunque sepas gestionar tus emociones en momentos de crisis, siempre hay un umbral. A partir de ahí, ellas pueden más que tú. ¿Y entonces qué haces?

Solo una cosa: dejar de escucharlas. Y no me hagas decir lo que no he dicho. No hablo de deshumanizar el liderazgo. Digo que, cuando estás en crisis, cuando las emociones toman el mando, cuando el nudo en el estómago, el estrés agudo y la saturación mental amenazan con desbordarte, solo hay una forma de salir sin hundirte. Dejar de escuchar a las emociones y todas las historias terribles que te cuentan.

Para eso, solo los hechos medibles y los datos te devolverán los pies a la tierra. Y con ellos, tus recursos. La frialdad de lo inevitable, de la información objetiva. Pero antes de llegar ahí, hay otras dos trampas que te separan de esa solución. ¡Y no son pequeñas!

Mensonge doigts croisés

Liderar en tiempos difíciles: engañarte a ti mismo es tu peor enemigo

La mayor de las trampas: mentirte a ti mismo.

En esta historia influyen muchas cosas. Pero las más importantes tienen que ver con tu relación contigo mismo, con tu papel y con tu imagen.

El ego y el orgullo se unen a la fiesta para complicarlo todo. Quieren proteger tu identidad, tu integridad. Por eso se empeñan en esconder tus errores, tus debilidades y tus puntos vulnerables. ¿Cómo lo hacen? Te cuentan historias llenas de mentiras. Algunas pueden ser ciertas, pero siguen siendo mentiras. Porque lo que convierte una historia en mentira no es su contenido, sino la distracción que provoca.

Un ejemplo. Te niegas a aceptar una situación, porque aceptarla supondría que no eres el buen directivo y líder que crees ser. Aceptarla también puede ser reconocer que eres vulnerable. Querría decir que ya no dominas el tema o que te has quedado sin recursos. Son solo interpretaciones subjetivas, pero tu identidad no las soporta. Así que te mientes. Le quitas importancia al problema. Te niegas a verlo. Lo vas aplazando. Te inventas excusas. Te encierras en tus certezas o echas la culpa a los demás. Tienes mil razones que explican la situación y mil historias que demuestran que tienes razón. Pero después de agotarte contándotelas, ¿qué te queda? El mismo problema. Agravado por todo el tiempo que has perdido mintiéndote. Porque la verdad es que tienes un problema que te supera. Punto. Por eso estás en crisis.

Lo que convierte una historia en mentira no es su contenido, sino la distracción que provoca

Si te niegas a aceptar el problema tal como es, con frialdad y sin interpretarlo, te cierras a las soluciones que exige.

La diferencia entre quienes salen adelante y quienes se quedan atascados no está en la inteligencia. Está en la cantidad de recursos que malgastan por el camino.

Pero eso no es todo. Además de la relación contigo mismo, con tu papel y con tu imagen, el victimismo también pesa mucho…

Sentirte atado de pies y manos es horrible. Aparece una sensación de injusticia, como si el cielo se te hubiera caído encima. El síndrome de la víctima empieza en cuanto empiezas a quejarte. Te dices que no es justo: «¿Por qué a mí?». Esa pregunta es la otra señal de que has caído en la trampa. Cuando alguien te pregunta qué tal estás, te quejas y sueltas una lista de excusas más larga que un día sin pan para explicar lo que te pasa. Eres el eterno quejica del «¿Qué tal?». Nada va bien, el universo conspira contra ti. Otra vez mil excusas falsas para que te compadezcan y para aceptar que no vas a salir de esta.

Lo que te digo es duro de oír, pero no tienes elección. Da igual si eres buen directivo o no. Da igual si lo que te pasa es injusto o no. La verdad es que tienes un problema, que está en tus manos y que te toca a ti resolverlo.

Y punto.

Darle vueltas sin parar a todas esas «excusas» (estén justificadas o no) te condena a repetir este infierno una y otra vez. Es lo que Garrett J. White, fundador del movimiento Wake Up Warrior, llama un «callejón sin salida kármico».

Eternel recommencement

Cuando el liderazgo se mete en un callejón sin salida kármico

¡Es un bucle del que tienes que huir como de la peste!

Un detonante te hace caer en picado. Ahí empiezan tus problemas:

  • Caes en la trampa de las emociones, del ego y del victimismo.
  • Te cuentas historias para convencerte de que lo que te pasa no es culpa tuya.
  • Le das la espalda a la realidad. A veces incluso te anestesias con distracciones de todo tipo (redes sociales, salidas, videojuegos…), pastillas para dormir, alcohol, drogas o psicofármacos cuando ya no puedes más.
  • Y te quedas atascado, porque lo único que quieres es que todo vuelva a ser «como antes». Te quedas anclado en el pasado, mirando solo hacia atrás. Intentas arreglar los problemas de un sistema que no funciona, en lugar de inventar uno nuevo que funcione de otra manera.

Tu futuro, incierto, sí, está delante. Pero tú te empeñas en mirar atrás. Esa nostalgia te aplasta y te condena a repetir los mismos errores. Nada cambia, porque en ese bucle te condenas al «callejón sin salida kármico»: un círculo vicioso que huele a cerrado.

Leader au féminin face à un objectif

Salir de la crisis: las claves de un liderazgo resiliente

Para empezar, deja de mentirte:

  • Estás metido en el barro hasta el cuello. Da igual de dónde venga. Reconócelo y acepta que está ahí, a punto de tragarte. Sea justo o no, eres tú quien está a punto de ahogarse. Aceptarlo es empezar a salir.
  • Quizá sea injusto, pero es lo que hay. Deja la justicia a un lado y acepta que te ha tocado a ti. No sirve de nada repartir responsabilidades ni echarle la culpa a otro. Eres tú quien tiene un problema. ¿Quién, por qué y cómo? ¡Eso da igual! Lo único que importa es salir de ahí.

Para ello, después tendrás que:

  • Dejar de escuchar a las emociones y los pensamientos en bucle que traen. En cuanto la cabeza se dispare, vuelve a la frialdad práctica. Mira solo los hechos, es decir, la información concreta y medible. Para eso, nada como la frialdad de los números. ¿Tu facturación ha caído un 15 %? ¿Tus márgenes, un 30 %? Vale. ¿Y ahora qué hacemos? Solo cuentan las reflexiones que mueven esas cifras: puro dato cuantitativo. Cualquier reflexión «cualitativa» puede despistarte. Estás en modo supervivencia. Lo que cuenta es el resultado, no quedar bien. Hechos, hechos, hechos. Y números, números, números: es lo único que importa. ¡No lo que interpretas de ellos! ¿Tienes un problema «cualitativo»? Busca una medida cuantitativa para seguir cómo evoluciona. Por ejemplo: tus clientes están descontentos con tu servicio (cualitativo). Define acciones para mejorar la satisfacción (y los pedidos) a muy corto plazo y mide cuántas llevas a cabo. Después mide el efecto en las ventas. Prioriza las acciones que más convierten. ¿Crees que tus clientes están muy mal acostumbrados, que exageran o que abusan? Da igual. Los números hablan: tu facturación baja y la satisfacción de tus clientes también. Punto. Cuando hayas salido del apuro, ya tendrás tiempo de pulir lo cualitativo. Antes no.
  • Imaginar nuevas posibilidades. Nada volverá a ser «como antes». Así que pregúntate: «¿Qué tendría que cambiar para que nada sea como antes Y para que los problemas que tengo hoy no vuelvan a repetirse nunca?». Acabas de aceptar el cambio. Acabas de aceptar reinventarte. Acabas de mirar hacia el futuro. Mañana nunca volverá a ser «como antes». Miras hacia delante para imaginar y construir algo nuevo. Salir de la crisis te obliga a ser creativo. En las crisis es cuando los cambios se hacen con menos fricción, porque todo el mundo acepta que hay que hacer «algo» para salir adelante. Cuando todo va bien, cualquier cambio genera fricción. Tu equipo, tus socios, tus grupos de interés te dicen: «¿Para qué cambiar si todo va bien?». En una crisis, todo el mundo está de acuerdo. Ahí está tu oportunidad. Es el momento de cambiar para que nada vuelva a ser «como antes».
  • Formalizar nuevos procesos. El cambio tiene que ser mucho más que una solución puntual a un problema. Tiene que dar lugar a una nueva cultura de empresa. ¿Cuál es esa cultura? ¿Cómo serás mañana, cuando hayas salido de esta crisis? Esa es la visión que debe guiar tus pasos. Ese mañana existe, y te toca a ti construirlo.

Vuelves a ser el líder que querías ser. 100 % centrado en las soluciones. 100 % centrado en llevar a un grupo de personas hacia el éxito. 0 % centrado en los miedos y en las historias que te cuentan.

Cuando hayas salido de la crisis, llegará el momento de repartir responsabilidades. En plena crisis, es un lujo que no te puedes permitir.

Pero ojo: si pones todo esto en práctica, prepárate para aceptar algo. La mayor parte de la responsabilidad en toda esta historia es solo tuya, porque dejaste que las cosas llegaran hasta aquí. Eso también es mirar la verdad de frente.

Jocko Willink, excombatiente de élite del ejército estadounidense y hoy una de las grandes figuras del liderazgo en Estados Unidos, habla de «responsabilidad extrema» (extreme ownership). Da igual lo grande que sea el problema y de dónde venga: como líder, asumes toda la responsabilidad.

Pero eso también es aceptar tu fuerza.

Y eres fuerte. Puede que estas verdades te sacudan. Puede que te hagan tambalear. Pero, con el tiempo, gracias a ellas recuperarás tu poder. Es el principio del éxito.

Y cuando vengan mal dadas, recuerda: los mayores éxitos nacen en las peores condiciones.

La crisis de liderazgo es la primera parte del «viaje del héroe». Cuando la superes, te tocará escribir tu propia búsqueda. ¡Que empiece la aventura!

Puntos clave

  • Tras la crisis sanitaria y la crisis económica que trajo, todos vamos a tener que atravesar crisis de liderazgo importantes.
  • Hay varias trampas que pueden condenarte a un círculo vicioso y dificultar la salida de la crisis.
  • El «callejón sin salida» kármico es un bucle que se repite por una serie de factores: querer que todo vuelva a ser «como antes», no mirar la realidad, el peso de las emociones y los pensamientos que te invaden, el victimismo, el ego y el impacto del problema en tu propia imagen.
  • Para salir de una crisis de liderazgo hay que «dejar de mirar atrás» y «mirar hacia delante». Apóyate en la frialdad práctica de los números para dejar de contarte historias y empezar a actuar.

Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗