El poder de la intención: un guiño científico
Lo has oído mil veces: si quieres llegar a algún sitio, comparte tu visión con tu equipo. ¿Y si […]
Lo has oído mil veces: si quieres llegar a algún sitio, comparte tu visión con tu equipo. ¿Y si fuera mucho más que eso? ¿Y si lo que pensáis juntos influyera más que lo que hacéis? ¿Y si llegara a tus clientes, a tus socios, a tus proveedores y al resto de grupos de interés? Eso dice la ciencia. Y con este giro se entiende por qué una intención alineada es la base de un buen liderazgo…
LA VERDADERA INTENCIÓN ES LA QUE QUIERE LOGRARLO, NO LA QUE SE CONFORMA CON PEDIR UN DESEO Y QUEDARSE DORMIDA. Iker Aguirre
El poder de la intención: cuando la mente transforma el mundo
Hace casi cincuenta años que la ciencia estudia de cerca fenómenos, digamos, «poco convencionales». En realidad son campos que llevaban mucho tiempo olvidados. Olvidados a la fuerza. Durante décadas, solo con nombrarlos podías perder tu carrera y tu reputación. Pero en los años 80 un grupo de irreductibles se atrevió. Y los resultados fueron asombrosos. Desde entonces, toda una escuela científica no deja de dar que hablar con descubrimientos cada vez más sorprendentes.
Esta panda de pioneros un poco locos se jugaba el descrédito. O algo peor: que su propia comunidad les diera la espalda. Aun así, lo afirmaron sin rodeos: «nuestros pensamientos influyen en el mundo que nos rodea».
Las carcajadas se cortaron en seco cuando presentaron sus conclusiones. Tenían un rigor impecable. Y no dejaban lugar a dudas: la probabilidad de que sus cálculos estuvieran equivocados era de menos de una entre varias decenas de miles de millones… No quedaba más remedio que escucharlos.

Usa el pensamiento como herramienta de cambio: el verdadero poder de la intención
Los investigadores sabían que lo pagarían caro si su trabajo no era impecable. Sabían también que solo unas conclusiones incontestables salvarían su prestigio. Por eso, aunque los primeros resultados de laboratorio eran prometedores, decidieron que no bastaba. Hacía falta más. Mucho más.
Ya habían demostrado que su teoría tenía fundamento. Pero querían unas conclusiones todavía más contundentes. Así que siguieron investigando en condiciones extremas, con la esperanza de obtener resultados aún más llamativos.
Para ellos no había mejor sitio en el mundo para poner a prueba el poder del pensamiento que una zona en conflicto. Mejor aún: una guerra en toda regla. Y así acabaron en pleno Beirut, durante la guerra del Líbano.
El experimento era sencillo. Reunían a un grupo de unas 20 personas durante unos veinte minutos. Las ponían a meditar para enviar intenciones de paz y de amor a las zonas en conflicto. Después, los científicos medían el efecto: el número de combates, de muertos y de agresiones registrados durante la práctica, y también en las horas y los días siguientes.
El experimento, llamado Permanent Peace Project, duró dos años. El primer año, los científicos demostraron que cada vez que el grupo se reunía, la violencia caía. Y no unos pocos puntos. Agárrate: un 60 % o más de media. Sí, has leído bien. Durante un año, los resultados fueron constantes y claros. Cada vez que el grupo se reunía, la misma caída de la violencia. No contentos con haber demostrado algo tan insólito, fueron más allá: ¿cuánta gente hace falta para influir en una población concreta?

La raíz cuadrada del uno por ciento
El segundo año, el estudio se centró en esa pregunta. Y se demostró que √1 % es el número de personas que hay que reunir para influir en el 100 % de la población objetivo. Con un grupo inicial de 20 personas, eso equivale a influir en una población de 20 × 20 × 100 = 40.000 personas. Más o menos, lo que tiene Soria. Con el mismo cálculo, bastaría un grupo de 8.944 personas para influir en 8.000 millones de personas. Es decir, en la humanidad entera.
Los efectos positivos se mantuvieron mientras duró el experimento. Pero en cuanto terminó, todo volvió a su triste «normalidad».
El experimento se ha repetido decenas de veces en todo el mundo. Y las conclusiones siempre han sido las mismas. A escala planetaria.
Te lo creas o no (reconozco que cuesta), esos años fueron los menos sangrientos de nuestra historia reciente. ¡Y hay más! En ese periodo pasaron cosas «imposibles», como la caída del muro de Berlín o el final de la guerra de Afganistán, un nudo gordiano de 20 años alimentado por la antigua URSS. Suena muy fuerte, lo sé. Pero… ¿y si fuera verdad?
La intención alineada: su alcance en la población y la armonía en la empresa
Piensa un momento en lo que implican estos estudios… Haz la prueba con tu empresa. Multiplica el número de empleados por sí mismo (al elevar al cuadrado quitas la raíz de √1 %). Luego multiplica el resultado por 100 (para pasar del 1 % al 100 %). Obtendrás el tamaño de la población en la que puedes influir si en tu empresa las intenciones están alineadas.
Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗
Iker Aguirre