Todos los artículos

Los 2 caminos para volver a poner a las personas en el centro de la empresa

Volver a poner a las personas en el centro de la empresa abre un abanico enorme de posibilidades. Pero si te quedas en la dinámica, te perderás el proceso completo. […]

Volver a poner a las personas en el centro de la empresa abre un abanico enorme de posibilidades. Pero ojo. Si te quedas en la dinámica, te perderás el proceso completo.

La dinámica es lo que vas a hacer para poner a las personas en el centro. El proceso son las grandes etapas por las que pasan esas personas mientras llegan ahí. Las dos cosas están relacionadas. Pero son muy distintas.

Intentarlo pensando solo en dinámicas es como recorrer España en bici con la vista clavada en la rueda delantera. Antes o después llegarás. Pero tendrás que parar a menudo para preguntar el camino y saber dónde estás. Es un viaje lento y a trompicones.

Pensar en procesos es ganar perspectiva. Es encontrar el hilo conductor que une todas las dinámicas. Porque existe. Encontrarlo exige estudiar y analizar mucho. Hay que inspirarse y empaparse de muchísimos ejemplos y contraejemplos.

En este artículo vamos a hablar de proceso. Te describo dos caminos que vas a recorrer sí o sí, elijas las dinámicas que elijas para poner a las personas en el centro de tu empresa.

El primero es un camino individual e interior: el que te hace crecer como líder. El segundo es un camino colectivo: el que hace crecer a un grupo de personas que comparten un objetivo.

Cada camino avanza por etapas. Vamos a ver:

  • cada uno de los dos caminos;
  • el trabajo principal que toca hacer en cada uno.

Así sabrás en todo momento en qué punto del recorrido estás. Y te servirá también para diagnosticar el grado de madurez de tu liderazgo y de tus equipos.

Liderazgo consciente y responsable: entender todo su impacto en las personas y en la organización

Un líder guía a un grupo de personas hacia un resultado. Su nivel de conciencia marca cuántas dimensiones tiene su cuenta de resultados. En el escalón más bajo, la cuenta es solo financiera. Todo lo demás que genera la actividad, sencillamente, no cuenta.

La dimensión económica y financiera es vital para que la empresa sobreviva. Poner a las personas en el centro no significa olvidarse de los números. ¡Ni mucho menos! Significa mirar más lejos. Y con más responsabilidad.

Además de la económica, tienes muchas otras dimensiones a tu alcance: la humana, la social, la de impacto en la sociedad y la medioambiental. Es lo que se llama Rendimiento Global. Yo he separado lo humano de lo social a propósito, para que encaje con los dos caminos que te explico aquí.

Deux voies vers un leadership conscient

Las personas en el centro de la empresa: dos caminos de transformación que se recorren a la vez

Poner a las personas en el centro es un reto exigente para cualquier líder. Y no hay forma de conseguirlo sin conocer al ser humano a fondo.

Por eso, todo líder que quiera superar este reto tiene que recorrer dos caminos a la vez. No hay atajo.

El primero es su propio recorrido personal. Es su aventura interior: la que le lleva a despertar a quién es, a su potencial y a su lugar en el mundo. Es un camino individual. Y es condición imprescindible para brillar en el otro. Es «el camino del yo».

El segundo es el que recorre un grupo para alcanzar un objetivo compartido. Estimula a cada persona dentro de una comunidad y hace crecer al grupo como tal. Es «el camino del nosotros».

El camino del yo: poner a las personas en el centro empezando por uno mismo

Aquí empieza la aventura.

Arranca en cuanto empiezas a hacerte preguntas sobre ti. En cuanto quieres conocerte y mejorar. El líder sale del vacío de quien no se conoce. Deja de ir a remolque de la vida. Y deja de tirar por la fuerza cuando las cosas no salen como quiere.

La primera etapa es el desarrollo personal. Consiste en descubrir quién eres de verdad. Aquí te interesas por cómo te has construido: tu historia, tu trayectoria, tus creencias, tus patrones, tus fortalezas, tus vulnerabilidades… Es el terreno de la personalidad. Se trata de conocerte y entenderte para mejorar.

En esta etapa descubrirás modelos de clasificación y métodos de introspección. Entre los más conocidos están el eneagrama, el análisis transaccional, el Process Communication, el DISC o el MBTI. Hay más, claro. Esta etapa es un espejo. Aprendes a mirarte, con tu lado luminoso y tu lado oscuro. Y a partir de ahí, refuerzas lo luminoso (tus talentos y tu potencial) mientras iluminas las sombras (tus vulnerabilidades, tus creencias limitantes…).

Más allá de estos métodos, puedes empezar también un proceso terapéutico. Te ayudará a liberarte de los programas psicológicos que juegan en tu contra.

La segunda etapa es el desarrollo interior. A medida que avanzas en tu desarrollo personal, vas tendiendo un puente hacia el potencial que llevas dormido dentro. Es una etapa nueva. Despertar el potencial humano no depende del desarrollo personal. No necesitas saber tu eneatipo ni tu perfil MBTI para trabajar, por ejemplo, tu carisma o tu inteligencia emocional. Ayuda, sí. Pero no es imprescindible.

Différence entre niveau et potentiel

El potencial humano es el mismo para todo el mundo. Da igual tu género, tus pronombres, tu origen, tu cultura, tu religión, tu edad o tu personalidad. Aquí no hay excepciones. Para despertar un potencial concreto, todos hacemos lo mismo y de la misma manera. Los resultados cambian de una persona a otra, eso sí. Pero siempre llegan, y siempre por la misma vía. Lo que marca la personalidad es el uso que cada uno le da. Y eso es otro tema. Usar el potencial no es lo mismo que despertarlo.

Cuando avanzas en el desarrollo interior (o despertar del potencial), acabas tendiendo puentes, inevitablemente, hacia la tercera etapa: el desarrollo espiritual.

Antes o después te preguntarás cuál es tu razón de ser y tu lugar en el mundo. Ese es el primer paso del desarrollo espiritual. A medida que avances en tu desarrollo interior, te sorprenderá la profundidad del potencial que llevas dentro. Muchas veces te quedarás maravillado. Sentirás que dentro de ti, y a tu alrededor, hay algo mucho más grande que tú. Algo que te supera. Ese «algo» tiene muchos nombres. Descubrirlo es justo lo que define el desarrollo espiritual. Y es compatible con cualquier forma de ver la vida: del ateo al creyente practicante, con todos los matices intermedios.

Une culture responsabilisante

El camino del nosotros: el recorrido colectivo para poner a las personas en el centro de la empresa

Como líder, no puedes recorrer con éxito este camino sin conocer al ser humano. Y la única forma de conocer al ser humano es conocerte a ti. Dicho de otro modo: comprometerte a fondo con el primer camino.

Con esa experiencia a tus espaldas, entenderás los retos a los que se enfrentan las personas con las que trabajas. Estarás en mejor posición para ayudarlas a dar lo mejor de sí mismas y a crecer mientras avanzáis hacia vuestros objetivos comunes. Y tendrás la humildad y la empatía necesarias para entender lo duras que pueden ser algunas etapas del desarrollo personal, interior o espiritual.

Al principio del «camino del nosotros» también está el desconocimiento. Es el que deja que los grupos se formen y se deshagan según vaya el día a día. A veces sale bien. A veces sale mal. Es a lo que salga. En el mejor de los casos, una tirada de dados. En el peor, una ruleta rusa. Y la dejas en manos de tus equipos. Mientras tanto, las dinámicas de grupo se consolidan o se rompen por inercia. Y toda la atención se va al saber hacer técnico.

Cuando entiendes esto, tu primera etapa es crear espíritu de equipo. Lo importante es dejar atrás la simple agrupación: ese grupo que se reúne por obligación, sin vínculo afectivo ni con el trabajo ni con las personas. Es la pesadilla de cualquier mánager. El espíritu de equipo crea un sentimiento de pertenencia. Y también de identidad propia y de logro compartido. Nace una conciencia de «nosotros». La comunidad surge y se fortalece.

Durante mucho tiempo, el espíritu de equipo se ha visto como el Santo Grial de la gestión. Pero es solo la primera etapa. Después llega la aventura humana. Nace cuando el grupo ayuda a sus miembros a crecer más allá de los objetivos compartidos. Entonces cada uno se da cuenta de lo importante que es el grupo en su vida. Y se crean vínculos fuertes, inquebrantables, que muchas veces duran para siempre. Hablo de esas experiencias compartidas que todos hemos vivido alguna vez. Esas que hacen que, 20, 30 o 40 años después, te cruces con alguien de aquella época y sientas que os visteis ayer. Y notas al instante la fuerza de lo que os une. Quieres a esa persona. Y lo que os une va mucho más allá del proyecto o de la organización en la que estabais. Aunque, en su momento, ese proyecto o esa organización lo era todo para ti (una empresa, un club, un colegio…).

La aventura humana lleva, de forma natural, a tomar conciencia del impacto del grupo en nuestra vida y en la de quienes nos rodean (sean personas, animales, plantas o minerales). Asumir esa responsabilidad es entrar en el desarrollo espiritual del grupo. En este punto, los dos caminos convergen, se funden y se elevan. Cuando alguien trabaja su desarrollo espiritual y tiene la suerte de poder compartirlo, ¡la aventura se vuelve casi extática!

El secreto de estas tres etapas es una mezcla sutil de dinámica de grupos y conocimiento del ser humano. Sorprende lo poco conocida y lo mal documentada que está la dinámica de grupos. Hoy, casi todo lo que se ha escrito se reduce a:

  • técnicas de gestión útiles, pero a menudo limitadas;
  • ejercicios prácticos, como la inteligencia colectiva.

Las dos cosas mejoran la dinámica de grupo. Pero no son más que herramientas al servicio de un proceso. ¿Y cuál es ese proceso?

Esperamos poder darte la respuesta con Konxus Media.

El final del camino: cuando las personas se convierten en el verdadero motor de la empresa

El final del recorrido, común a los dos caminos, sería la unidad.

Uso el condicional por simple prudencia y humildad. No la he vivido. Así que hablo en teoría.

Me baso en algo que comparten todas las filosofías y creencias, sean actuales, históricas o ancestrales.

Grandes religiones, filosofías contemporáneas, sabidurías ancestrales de Occidente, de Oriente o de los pueblos indígenas: todas describen, a su manera, lo mismo. Al final del camino de despertar espiritual hay un estado de despertar absoluto y de fusión con el Todo. Un estado de unidad. Unos lo llaman Dios. Otros, Tao, Wuji, estado de Buda, naturaleza, campo de información o Gran Espíritu, entre muchos otros nombres.

No se trata de iluminarse gracias al trabajo, tampoco nos vamos a pasar. Pero todos hemos vivido alguna vez destellos de unidad. Esos momentos mágicos, y escasos, en los que todo parece estar en su sitio. En los que sientes que te fundes con la vida, en una plenitud total. Un éxito enorme, una victoria fuera de lo normal, un encuentro amoroso excepcional, una prueba superada en equipo… Ahí podemos vivir esos estados de gracia.

El punto donde se juntan los dos caminos sería el inicio de un despertar compartido. Imaginar que se vive en la empresa me parece una bonita utopía. Al menos tal como están las cosas y con la cultura corporativa que predomina. Y, sin embargo, vivir estados de gracia en el trabajo está al alcance de cualquiera. Si estás leyendo esto, es que ya has vivido unos cuantos. Si no, no estarías aquí dándole vueltas a este tipo de artículos. Y aspirar a unir los «caminos del yo» (cada persona es uno) con el «camino del nosotros» para compartir esa gracia plena, aunque dure un instante, es un reto que merece la pena.

¿No crees?

«No sabían que era imposible, así que lo hicieron» – Mark Twain

Poner a las personas en el centro de la empresa parece la alternativa al modelo de gestión dominante. Ese modelo, llamado «mecanicista», ve la empresa como un motor que tiene que ir a pleno rendimiento. Y a las personas, como piezas de ese motor.

Este enfoque deja fuera una parte esencial de lo que somos las personas. Esa es la principal razón de sus límites actuales. Abandonadas, y muchas veces maltratadas, esas dimensiones se deterioran. Y acaban minando el capital más importante de la empresa: los hombres y las mujeres que la forman. El resultado: la calidad de vida laboral se desploma. Y se disparan el absentismo, la falta de compromiso ([lien interne ARTICLE Rapport Gallup – désengagement des salariés]) y los casos de burnout.

El enfoque humanista quiere poner a las personas en el centro de la empresa. Las tiene en cuenta en su totalidad. Y lo hace sin perder de vista la salud económica ni el impacto social, en la sociedad y en el medioambiente. Es una lógica compleja, y lo asume. Frente a ella está la utopía de la simplicidad estandarizada del enfoque mecanicista. Es un cambio de paradigma en la empresa.

Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗