El ejemplo chino que no hay que seguir
En China, movimientos como el Tang Ping, la runología y el Bai Lan muestran que los jóvenes ya no se creen el discurso del esfuerzo sin descanso ni la carrera por el éxito. Rechazan el «9-9-6». Prefieren no hacer nada o directamente huir. Y eso nos obliga a preguntarnos para qué nos esforzamos y qué
Confucio, Lao Tse, Mencio… La filosofía china está en todas partes. Su sabiduría es tan antigua como la de los griegos. ¿Y si de ese país extraordinario estuviera naciendo una nueva forma de pensar? Si es así, ojo. Podría ser la plaga que acabe con nuestros jóvenes. Y con nuestra economía. ¿O será el principio de algo nuevo?

Tang Ping, o el arte de tumbarse sin ambición
En 2021, una publicación sin importancia en una red social china prendió internet. Su autor llevaba dos años en paro. Explicaba lo bien que se vive fuera de la carrera por el éxito, esa que va de la mano de una vida de trabajo duro y sacrificio. Filósofo sin saberlo, escribía: «Puedo ser como Diógenes, que duerme al sol dentro de su tinaja».
Aquel joven desencantado no imaginaba que su desahogo, y su sabiduría moderna, se iban a hacer virales a lo grande. El Mito del Héroe se llevó un gancho que lo dejó KO durante mucho tiempo. Su lucha había terminado porque…
¿Para qué matarse?
En China, «fendou» es la palabra favorita de los dirigentes del Partido. Significa «lucha», «esfuerzo». Representa el ideal del ciudadano modelo, que lo da todo por su país, por su economía y por las generaciones futuras. Es uno de los pilares del pensamiento comunista. Pero, para disgusto de las altas esferas, ha surgido una tendencia que podríamos llamar de los «couch potatoes», las «patatas de sofá». El término lo dice todo. Es ese derrotismo que te deja pegado al sofá cama de Ikea, con los ojos clavados en la tele y sin más ambición que levantarte para ir al baño.
«Cada generación tiene su Larga Marcha», proclamaba Xi Jinping, presidente del Partido, mientras las redes ardían con la leña del Tang Ping. «¡Y cada generación tiene su propia ambición!». O no…

Runología, o salir por patas
Toda filosofía tiene descendencia. El Tang Ping no iba a ser menos. De tanto lamentarse, los jóvenes chinos se cansaron de sudar la camiseta.
En chino, «run» suena como una palabra que evoca la humedad. Y en inglés, «run» significa «correr». El juego de palabras era perfecto, y así nació la «runología». La idea: la única forma de aprovechar toda esa energía desperdiciada en no hacer nada es salir corriendo y escapar del sistema. La runología hace apología de la huida. Es la historia del héroe que, frente al dragón, le da la espalda a la princesa en apuros y se larga. Otra versión del cuento, sí. Pero encaja muy bien con el culto al antihéroe que tanto triunfa hoy.
Eso sí, huir no siempre es posible. Por suerte, la filosofía sigue ahí para rescatarnos.
Bai Lan, cuando la cosa empieza a oler mal
Cuando el derrotismo de los jóvenes chinos llega a su punto máximo, aparece el Bai Lan. Tumbarse y adoptar una filosofía estoica y minimalista no bastaba. Solo algunos virtuosos del desapego encontraban la paz en una atención plena y serena. Los demás, más humanos, se hundían en el peso depresivo del fracaso.
De ahí nace el Bai Lan, que se puede traducir como «dejarse pudrir». Es la muerte del sentido y de las ganas. El cuerpo se oxida. Faltan motivos. Las heridas llegan hasta el alma. La apatía voluntaria en estado puro.

Decenas de millones de «me gusta»
Se calcula que noventa millones de chinos han usado el hashtag #bailan. Es un fenómeno social que preocupa al Partido, porque sus consecuencias son enormes.
Los jóvenes ya no quieren el «9-9-6»: trabajar de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana. Es la versión china de «de casa al trabajo y del trabajo a casa», pero a lo bestia. Han soltado la economía y su obligación de triunfar. Su competencia despiadada. Sus angustias. Sus burnouts miserables. Se impone el aburrimiento como protesta. Y el Gobierno chino está nervioso. Por primera vez se enfrenta a una rebelión que no puede aplastar: la de no hacer nada.
Y la preocupación es seria. Uno de cada cinco jóvenes estaría fuera del mercado laboral. Y eso en un país con cerca de 300 millones de personas mayores, casi tanta gente como vive en Estados Unidos. A eso se suma una pirámide de población estrangulada por la política del hijo único, que estuvo vigente entre 1979 y 2015.
En su Discurso de la servidumbre voluntaria, Étienne de La Boétie explicaba que un poder solo existe porque le damos nuestro consentimiento. Según él, bastaría con dejar de actuar para acabar con cualquier tiranía… ¿Será el Bai Lan la prueba de que tenía razón?
Pero no nos engañemos…
El capitalismo occidental no tiene nada que envidiar al comunismo chino. Estamos en las mismas. Si un joven quiere salir adelante, le toca remar. Esa será su lucha. Pero entre tiktokers e influencers que venden el sueño de la riqueza sin esfuerzo y un Estado que parece tomarnos a todos por tontos, ¿para qué esforzarse? Y dejemos a los jóvenes en paz un momento, que siempre les toca cargar con las culpas.
¿No estaremos todos viviendo nuestra propia versión del Tang Ping, de la runología y del Bai Lan? ¿Cuántos de los que tenemos cuarenta o cincuenta años hemos querido mandarlo todo a paseo? ¿Cuántos soñamos con una vida minimalista, con irnos al pueblo a criar cabras y vivir de lo que da la tierra? ¿Cuántos parados de larga duración se conforman con lo mínimo y no quieren volver al sistema?
Las empresas tienen muchísimas dificultades para contratar desde 2020. ¿Y si eso fuera una señal de este movimiento de fondo?
Esta caída de la motivación colectiva nos afecta a todos. La vida tal y como nos la cuentan, a base de crisis sanitarias, políticas y económicas, ya no hace soñar a nadie. Hipotecas, inflación, paro, cierres de empresas, deudas, recortes, sobrepeso, presión fiscal, problemas de tesorería, impagos, angustia, estrés, depresiones, divorcios y riesgo de burnout…

«Todo esto, ¿para qué?»
Es la primera pregunta que aparece en el camino del héroe. La de la incomprensión y la injusticia.
La segunda será la del sentido. La que nos va a dar alas. Alas para no dejar nunca de soñar. Alas para construir un mañana que se parezca a nosotros.
Por un lado, la promesa de algo nuevo que exige esfuerzo y valor. No por el Estado ni por el sistema, sino por nuestro mundo, uno por el que merezca la pena levantarse. Por el otro, la apatía de un Bai Lan occidental, muy parecido al que ya vivieron griegos y romanos en su decadencia.
¿Se repite la historia? Nos toca a nosotros darle un sentido nuevo. Camino del héroe o camino del antihéroe: hay que elegir. Con uno, la oportunidad de construir un mundo nuevo. Con el otro, la de rendirse a una versión adaptada del Bai Lan occidental. En cualquier caso, habrá que ejercer un liderazgo consciente, derrotista o comprometido. Konxus e ImpaKt son nuestra respuesta a este debate. Que cada uno ponga su parte. Con conciencia. ¿Y tú? ¿Cuál será tu parte? ¿Bai Lan o compromiso?

Puntos clave
En una época que aplaudía el camino del héroe, aparece una nueva corriente de pensamiento nacida en China:
- El Tang Ping, o lo bien que se vive fuera de la carrera por el éxito
- La runología: plantar cara a los obstáculos de la vida ya no está de moda y el culto al antihéroe está más presente que nunca
- El Bai Lan y la apología de no hacer nada
- Afecta a los jóvenes, pero no solo a ellos…
- ¿Es el principio de algo nuevo?
- Habrá que elegir: ¿inacción o compromiso?
Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗
Iker Aguirre