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La experiencia, tu mayor valor añadido

El saber hacer que acumulas con los años se convierte en una baza estratégica. La experiencia práctica se forja con aciertos y con errores. Te permite decidir con criterio, innovar y crear valor que dura. Ninguna teoría la sustituye. Es la base de tu credibilidad, de tu confianza y del impacto que t

¿Te has fijado?

Todos los que toman la palabra, en un escenario o en cualquier otro sitio, hablan de una sola cosa: su experiencia.

Piénsalo un momento…

La experiencia es lo que nos conecta a unos con otros.

Primero, la experiencia que se transmite. Después, la experiencia que se comparte. Y lo que lo une todo siempre será lo mismo: la palabra y la acción.

COMUNICAR es animar.

El secreto de los grandes líderes: el arte de la palabra y de la experiencia compartida

Phil Jackson, el mejor entrenador de la historia de la NBA, con 11 anillos

en su palmarés, distinguía 3 tipos de liderazgo:

  • El liderazgo de juego: el técnico estratega
  • El liderazgo de palabra: el comunicador
  • El liderazgo de ambiente: el alma del vestuario

Sus equipos buscaban un equilibrio fino entre técnica y liderazgo. Y siempre contaban con estos tres perfiles. Pero había una condición. Para llegar a su máximo nivel de influencia, cada líder tenía que saber comunicar.

Porque hablar no es comunicar. Y animar es…

Dar alma a la experiencia: la clave del valor añadido

«Animar» viene del latín anima, que significa «alma», «aliento vital». Animar es dar un nuevo aliento. Es poner alma y vida.

Ese es el secreto. Una experiencia en sí misma.

Hablar es una técnica. Animar es la magia que da vida a una persona o a un grupo. Es inspirar, despertar las ganas y lograr que la gente se implique.

Muéstrate como eres: cómo la autenticidad refuerza la experiencia y el valor añadido

Si has hecho algún curso de hablar en público, ya sabes que no acaba de funcionar. Siempre falta «algo». Tienes herramientas, pero los bloqueos siguen ahí cuando te toca hablar. ¿Por qué? Porque la técnica es imprescindible, pero no basta. Comunicar es encarnar lo que dices. Y para conseguirlo no basta con trabajar el mensaje. Tienes que trabajarte a ti.

El cofre del tesoro de la experiencia: una fuente de valor incalculable para los líderes

El tesoro eres tú. Una buena intervención es, ante todo, energía. Una energía que se contagia, intensa, que te recarga. Es ese «algo» que tiene la gente carismática e inspiradora. No es un don de nacimiento, aunque a algunos les cueste menos que a otros. Se trabaja, se desarrolla y se mantiene. Y cualquiera puede conseguirlo si está dispuesto a ponerse a ello.

También es una comunicación sutil. Un mensaje que circula más allá de las palabras. Las palabras lo transportan, pero no solo ellas. Es lo que tu forma de ser aporta al mensaje. Es lo que el público siente, más allá de lo que oye. Podríamos llamarlo la «resonancia» que da vida a las palabras. Es un arte energético sutil que dominan todos los grandes oradores, muchas veces sin saberlo. Y, sin embargo, se aprende. Y también se cultiva.

Luego está la inspiración. Nace de un canal de inteligencia espiritual que va más allá del intelecto. Cuando ese canal se abre, se expresa. Las palabras te llegan solas, sin guion. Son precisas, oportunas, como hechas a medida para ese momento. Es una competencia que se desarrolla. Y que también se entrena.

Y todo eso se sostiene en la calidad de presencia que nace de ahí. Ahí está la experiencia del ser en su mejor versión, transmitida y encarnada más allá de las palabras. Todos los grandes conferenciantes la tienen.

Y ocurre la magia: cómo la experiencia crea un valor añadido sin igual

Cuando se dan estas condiciones, ocurre la magia. El público tiene un sexto sentido que la capta. Es ese «no sé qué» que te deja con la boca abierta cuando escuchas a alguien inspirador. Ese «algo» que te llega directo al corazón y te devuelve un «nuevo aliento vital». Eso es la inspiración. Y la acción que nace de ella es el compromiso. Y, dicho sea de paso, aunque te lleguen al corazón, las emociones son solo la punta del iceberg.

Al llegar a este punto, la técnica se vuelve imprescindible. Y contar bien una historia también es un arte que se aprende.

El resto del trabajo (porque aún queda) es pura estrategia. Ahí descubres el enorme océano azul que se abre ante ti. En mi caso, desde que navego por él, recorriendo escenarios internacionales, he generado más de un millón de euros. Sin esfuerzo, sin competencia y sin presión sobre los precios. Pero esa es otra historia. Te la cuento encantado si te tienta aprender a ser un gran orador.

Puede que estés a punto de convertirte en el líder de impacto que siempre has querido ser. Súmate a la aventura y haz que la magia ocurra también para ti. Solo tienes que escanear el código…

Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗