No Bullshit: la ciencia del pragmatismo
¿Quieres alcanzar tus objetivos, ser eficaz y eficiente y sentir que avanzas? Esto es lo que dice la ciencia […]
¿Quieres alcanzar tus objetivos, ser eficaz y eficiente y sentir que avanzas?
Esto es lo que dice la ciencia para construir tu realidad. Con sentido común, pragmatismo y un poco de codos.
La inmensa mayoría de la gente no fracasa por falta de competencias. Fracasa por falta de constancia y regularidad. Iker Aguirre
Más terco que una mula: cuando la cabezonería desafía la ciencia del pragmatismo
Universidad de Stanford
En el mundo hay dos tipos de personas. Las que se aferran a sus certezas y las que se cuestionan a menudo. Los científicos de la Universidad de Stanford, y en especial el equipo de Carol S. Dweck, les han puesto nombre. La primera actitud es la «mentalidad fija». La segunda, la «mentalidad de crecimiento».
Podrías pensar que ahí está la diferencia entre los cabezotas y los demás. Pues no, para nada…
Todo se decide en la infancia. Estas mentalidades serían fruto de la educación que recibimos. ¡Gracias, papá! ¡Gracias, mamá!
La mentalidad fija aparecería en niños que aprendieron a actuar por miedo, con límites artificiales y con una prioridad: evitar el fracaso. Según el estudio, en la edad adulta eso lleva a aprender menos y a desanimarse más. También a esforzarse menos, a lograr resultados más pobres y a ponerse más límites en la vida, en el trabajo y en la carrera. Y, como premio gordo, a desarrollar menos potencial. Vamos, un cóctel perfecto para una vida gris…
La mentalidad de crecimiento, en cambio, tendría efectos positivos medibles. Justo los contrarios.
Ahora bien, quizá eres de los que no cambian de opinión fácilmente o de los que cuesta convencer. Es decir, un experto en «mentalidad fija». Tranquilo: tiene arreglo.

Según Carol S. Dweck, todos tenemos una mentalidad dominante. Pero pasamos de una a otra según el momento y lo que estemos viviendo. Por eso, cuando identificas tu forma de funcionar, puedes cambiarla de raíz. Puedes crear un hábito nuevo que dure y que cambie las reglas del juego para siempre. ¡Adiós, mentalidad fija!
Resulta que quien se aferra a sus certezas ve menos oportunidades. Rechaza el cambio y no se cuestiona. Se encierra en esas certezas y, con el tiempo, huelen a cerrado. Mientras, otros que se atreven con caminos distintos le adelantan. Al final, esa persona ya no sabe crear realidades nuevas. Se convierte en una virtuosa de la optimización. Pero cuando un sistema ya no funciona, por mucho que lo optimices, sigue sin funcionar… solo que mejor.
¡Pero ojo, no te equivoques! Saber adónde vas y tener las ideas claras no tiene nada que ver con la mentalidad fija. Encaja perfectamente con una mentalidad de crecimiento.
Así que, antes de seguir leyendo este artículo, o el resto de la revista, hazte esta pregunta:
¿Sueles decir «no» a las propuestas nuevas? ¿Te cuesta el cambio? ¿Actúas para evitar riesgos en vez de aprovechar oportunidades?
¿Eres de los que responden casi siempre con un «sí, pero»? ¿Presumes de ser alguien difícil de convencer?
Si has contestado «sí», lo más probable es que tu vida y tu carrera estén muy lejos de lo que podrían ser…
La pregunta entonces es: ¿estás realmente satisfecho con tus resultados a día de hoy?
Si no lo estás, puedes crear una realidad nueva. Aquí tienes algunas ideas para conseguirlo.

Por qué la concentración es la clave de un pragmatismo eficaz
Universidad de Stanford, 2009
Si te interesa la gestión del tiempo, seguro que conoces la famosa historia de las piedras grandes y los granos de arena. Es un clásico. Ha abierto los ojos a más de un esclavo de la agenda llena.
El profesor Clifford Nass, de la Universidad de Stanford, quiso demostrarlo como buen científico. Su pregunta: ¿por qué, para ocuparte de tus piedras grandes y llegar a algo en la vida, tienes que alejarte de todo lo que te distrae?
Por si no lo sabes, una piedra grande es una tarea importante y esencial que tienes que sacar adelante. Si avanza, tú, tu empresa y tus proyectos estaréis mejor. A veces es incluso cuestión de supervivencia. ¡Eso sí que es una piedra grande!
Y aun así, ¿cuántas veces te has prometido dedicarte a tus piedras grandes? ¿Y cuántas veces has acabado el día frustrado, sin haber hecho nada, con el proyecto todavía en pañales?
Ante las piedras grandes hay tres tipos de personas.
Están los que procrastinan… Hoy no hablaremos de ellos. La única realidad que crean es una vida estresante, llena de resultados casi siempre mediocres.
Luego están los que se remangan y atacan de frente sus piedras grandes. Pero lo hacen a la vez que el resto de su jornada y de lo que les va llegando. Cuando consiguen sus objetivos, suele ser a costa de un esfuerzo enorme. Los llamaremos grupo A.
Y están los profesionales de las piedras grandes. Se encierran bajo llave y desaparecen del mapa unas horas. Salen con una piedra grande menos, listos para el resto del día. Son los ninjas de la gestión de prioridades. Los llamaremos grupo B.
Los investigadores de Stanford lo demostraron con el grupo A, los que presumen de estar siempre disponibles («mi puerta siempre está abierta», «me puedes localizar 24 horas»). En cuanto se ponen con una piedra grande, les interrumpen de media cada 11 minutos. Si sumas las interrupciones y su duración media, calculan que… ¡se esfuma un tercio de la jornada! El precio es altísimo.

Con cada interrupción, la persona del grupo A tiene que desconectar de lo que hacía. Se centra en el asunto de la interrupción. Luego tiene que resolverlo, cerrarlo y volver a lo suyo. Y concentrarse otra vez para retomar el trabajo.
Es un ejercicio agotador. Genera muchos errores y proyectos que no avanzan. El cerebro necesita espacio para rendir. ¡Y ese espacio no lo encuentra!
La persona del grupo B, en cambio, se aísla durante un tiempo concreto. Avisa a su entorno y fija las reglas: cero interrupciones salvo urgencia extrema. Define qué es una urgencia extrema y cómo localizarla si ocurre. Con eso claro, puede trabajar tranquila durante sus bloques de alto rendimiento.
El profesor Clifford Nass midió los resultados. En el grupo A hay más estrés, más errores, menos eficiencia y resultados peores. En el grupo B, las personas tienen más tiempo libre, más claridad mental, más resultados y una clara satisfacción por el trabajo hecho.

Piedras grandes, sí, ¡pero por la mañana!
Stanford School of Business y Universidad del Néguev
J. Levav, L. Avnaim-Pesso y S. Danziger estudiaron cómo afecta el cansancio a las decisiones importantes, las que exigen concentración y fuerza de voluntad. Para ello analizaron los veredictos de jurados en jornadas muy largas. Tenían muchísimos casos y audiencias muy breves. Cada caso era distinto, a menudo complejo y con mucho en juego: condenas, a veces de cárcel.
Vieron que, por la mañana, a los jurados les resultaba más fácil entender los casos. Tomaban decisiones con más matices. Por la tarde, caían en un patrón estándar y repetitivo. A la mínima duda, condenaban con más facilidad, sin entrar en matices.
La conclusión fue que, a partir de cierto nivel de cansancio, el cerebro pasa a «modo automático». En el caso de los jurados, ese modo consistía en despachar rápido el caso, con tendencia a condenar. ¿Y de dónde venía ese cansancio? El sentido común diría que de las jornadas interminables. Pues no. Venía del número de decisiones tomadas. Pasado cierto número de decisiones importantes, los jurados cambiaban al «modo automático». ¿Por qué? Porque analizar a fondo exigía demasiada fuerza de voluntad. Y esa voluntad ya se había desgastado con tantas decisiones previas. Dicho de otro modo: cuanto más quieres hacerlo bien, con atención y cuidado al decidir, más le exiges a tu cerebro. Y más te cansas.
Walter Mischel, en Stanford, fue más allá. Demostró que cuanto mayor es tu «reserva de fuerza de voluntad», más éxito tienes en la vida y en tu carrera. Y como el número de decisiones diarias la desgasta mucho, necesitas una «estrategia de consumo de voluntad». De hecho, los mayores éxitos se daban entre quienes tomaban todas sus decisiones importantes… ¡por la mañana! Justo cuando la reserva de voluntad está al máximo.
Así se aseguraban de estar al cien por cien con cada problema. Tomaban decisiones finas, sensatas y atentas a todos los matices importantes. No dejaban nada al azar. Y sobre todo, nada al «modo automático», que demasiadas veces obedece al miedo y no al sentido común de tus intereses estratégicos.

Pragmatismo y éxito: apuntar a la Luna paso a paso
American Journal of Physics, 1983
Todos tenemos objetivos enormes que queremos alcanzar en el menor tiempo posible. Nos sentimos capaces de todo.
«¡Lo vamos a conseguir!»
Y luego la vida hace el resto.
Un equipo de científicos estudió el efecto dominó: una ficha cae, tumba a la siguiente y se crea una reacción en cadena. Pero con unas condiciones especiales. La primera ficha medía dos pulgadas, es decir, 5,08 cm. Calcularon que una ficha puede tumbar a otra hasta un 50 % más grande. Así que se pusieron a fabricar fichas, cada una un 50 % más grande que la anterior. La idea era ponerlas en fila y divertirse como niños.
Pero el juego duró poco.
La primera ficha era diminuta, sí. ¡Pero la décima medía casi dos metros! Así que el resto del experimento se hizo con lápiz y papel.
Y estos son los resultados:
La ficha 24 alcanzaba la altura de la Torre de Pisa: 57 m. La ficha 28 era apenas 12 metros más baja que la Torre Eiffel. La 37 superaba el Everest en 2.248 m. ¡Y la 63 sobrepasaba la Luna en 35.000 km!
Ahora llévalo a tu trabajo. Cada día, un paso más, siempre para ampliar lo que hiciste el día anterior. Cada día, un paso: sin dispersarte, haces un trabajo coherente y alineado.
Después añades un factor de crecimiento. Es como fabricar hoy una ficha más grande que la de ayer.
Al principio, todo el esfuerzo saldrá de ti. Pero en cuanto el proyecto coja cierto volumen, casi seguro que tendrás que contar con otras personas. Ahí entra en juego el efecto multiplicador. Y llegar a la Luna deja de ser una utopía. Aumentar un tanto por ciento lo que hiciste ayer se vuelve posible. Y todo sin dejarte la piel.
La inmensa mayoría de la gente no fracasa por falta de competencias. Fracasa por falta de constancia y regularidad. Ser constante es no soltar nunca la regularidad. Es actuar como un metrónomo, con un ritmo previsible. No a base de arreones seguidos de temporadas en las que no pasa nada.
Cada día un paso, por pequeño que sea. Cada día un paso que construye sobre lo que ya está hecho. Cada día un paso que va más lejos que el de ayer. Y en muy poco tiempo habrás logrado lo imposible. Lo imposible se vuelve posible. Has creado una realidad nueva.

Una agenda de fichas de dominó
Universidad de la Vida
¿Cuántas veces has puesto a tus equipos objetivos que nunca se cumplieron? ¿Cuántas veces te han dicho, para justificarlo, que eran «imposibles»?
Sí, aunque no nos guste, todos lo hemos vivido cientos de veces.
¿Crees que tus objetivos eran
«imposibles»? ¡Claro que no!
¿Entonces son tus equipos los que se equivocan?
Piénsalo bien antes de responder…
Porque si ibas a decir «sí», el que se equivocaba eras tú…
Un objetivo se vuelve imposible cuando la tarea nos supera. Desmotivación, tirar la toalla, dispersión… Ya lo hemos visto. Así que, si quieres que tú y tus equipos logréis lo imposible, tienes que hacerlo digerible. Para eso, llena tus agendas de fichas de dominó a escala humana.
Me explico.
Elige un objetivo anual. Solo uno. Si lo consigues, ya será muchísimo. Será tu Santo Grial.
Divídelo en cuatro subobjetivos consecutivos. Son tus objetivos trimestrales. Divide cada uno en tres, también en orden, uno detrás de otro. Ya tienes tus objetivos mensuales. Coge el del primer mes y divídelo en cuatro. Ya tienes tus objetivos semanales. Coge el de la semana que viene y divídelo en las claves de su éxito. Esas son tus piedras grandes de la semana. Divide cada piedra grande en etapas y calcula el tiempo que necesita cada una.
Pásalo todo a tu agenda.
¿No cabe?
Eres demasiado optimista, no lo vas a conseguir. Revisa los objetivos, las etapas y los tiempos. Actualiza la agenda.
¿Cabe?
¡Pues deja de darle vueltas y ponte a trabajar, que tienes un objetivo que cumplir!
Semana a semana sabrás si vas bien encaminado. Podrás ajustar sobre la marcha, de una semana a otra. Así evitas el estrés de darte cuenta demasiado tarde de que no vas a llegar.
Semana tras semana te marcarás objetivos alcanzables. Sabes que quieres llegar a la Luna, pero solo harás y pensarás en el pequeño paso que toca esta semana. Y así, paso a paso, llegarás a la Luna, a Marte y a nuevas galaxias.
Es fácil de decir y fácil de explicar. Pero el 95 % de los líderes y de los empleados es incapaz de mantener esta rutina.
¿Por qué?
Intenta entenderlo…
Y para eso, quédate con esta definición de liderazgo:
«Un líder es quien sabe llevar a un equipo a lograr un resultado compartido».
El cielo es el límite. Una cuestión de pequeños pasos… y de un liderazgo sensato.
Publicado originalmente en francés en Konxus Média ↗
Iker Aguirre